En Costa Rica, la Navidad no espera necesariamente a diciembre.
En casa de Laura Madrigal, mucho menos.
Para ella había una fecha no oficial en la que comenzaba todo: julio.
Era el mes en que empezaba a probar aromas, imaginar colecciones, revisar cajas, pensar talleres y llenar mesas con cosas que, para cualquier otra persona, habrían parecido prematuramente navideñas.
Para Laura no.
Para Laura significaban que algo bonito estaba por venir.
Y aquel año tenía una razón adicional para empezar temprano.
El 4 de julio, Ossa Gifts & Selfcare cumplía seis años.
Seis años de velas hechas a mano.
De Ossa Wax.
De talleres.
De alumnas.
De mujeres que habían llegado sin conocerse y habían terminado compartiendo mesa, historias y risas.
Seis años de aromas que, de alguna manera, habían terminado formando parte de la memoria de otras personas.
Así que Laura decidió celebrar como mejor sabía hacerlo: haciendo que julio oliera un poquito a diciembre.
A las dos y media de la tarde comenzaron a llegar las invitadas.
Sobre la bofetera de la sala estaba una de las cosas que Laura tenía más ganas de enseñar.
Las tres casitas.
La pequeña.
La mediana.
Y la grande.
Eran velas de diseño, ya pintadas y terminadas, colocadas juntas como una pequeña villa navideña.
No cabían en la palma de una mano.
Mucho menos las tres juntas.
Tenían suficiente presencia para llamar la atención apenas alguien entraba a la sala.
Y eso fue exactamente lo que ocurrió.
¡Laura, vea esas casitas!
¡Qué belleza!
¿Esto viene para Navidad?
Laura sonreía.
Ese era el plan.
El aniversario era una celebración, pero también la primera mirada a todo lo lindo que Ossa estaba preparando para los últimos meses del año.
Doña Elizabeth se detuvo especialmente frente a ellas.
Las miró de cerca.
Una.
Después otra.
Y otra vez la grande.
Laura, estas casitas están preciosas.
Laura sonrió.
Doña Elizabeth no era quien originalmente debía estar allí.
Karla había reservado dos espacios, uno para ella y otro para su hermana Ericka, pero finalmente no pudo asistir. En su lugar había enviado a su suegra.
Un cambio de última hora.
En aquel momento no significó nada.
Más adelante, Sherlock Holmes anotaría precisamente eso:
Los cambios de planes siempre merecen una segunda mirada.
La tarde continuó entre conversaciones, rifas, regalos y aromas.
Las invitadas recibieron sus bolsas de Ossa.
Dentro había distintas sorpresas y, entre ellas, productos de Sweetwell.
Las bolsas comenzaron a aparecer por todas partes.
Sobre sillas.
Debajo de mesas.
Junto a carteras.
Al lado de cajas.
Algunas abiertas.
Otras cerradas.
Laura iba de un lado a otro atendiendo a todas y prácticamente dejó de prestar atención a lo que ocurría alrededor de la bofetera.
Era su aniversario.
Tenía demasiadas cosas que mirar.
Y entonces llegó Polleth.
Sola.
Vestida de blanco.
Hermosa, elegante y con una noticia que nadie conocía todavía.
Pero Polleth no la anunció al entrar.
Laura tenía otros planes.
En algún momento, entre la bienvenida al Taller de Aniversario, lanzó una frase que consiguió que todas dejaran de hablar:
Bueno, aquí hay alguien que está embarazada.
Silencio.
Después:
¿QUÉ?
Las miradas comenzaron a recorrer la sala.
Una a una.
¿Quién?
¡Diga!
No, no, no... ¿quién es?
Laura no respondió.
Y entonces ocurrió probablemente el momento más divertido de toda la tarde.
Por alguna combinación de sospechas, bromas y presión colectiva, las miradas terminaron sobre Eyleen.
¿Yo?
La sala explotó en risas.
¡No soy yo!
Pero cuanto más lo negaba, más sospechosa parecía.
¡Les estoy diciendo que no!
Durante unos minutos, el aniversario de Ossa dejó de ser un aniversario y se convirtió en una investigación bastante poco científica sobre quién de todas las presentes podía estar embarazada.
Laura disfrutó cada segundo.
Hasta que finalmente miró hacia Polleth.
Y Polleth sonrió.
Entonces todas entendieron.
La sala estalló. Gritos. Abrazos. Preguntas. Risas.
Polleth estaba embarazada.
Pero todavía faltaba otra sorpresa.
Había cupcakes.
Y dentro de ellos estaba escondida la respuesta a una segunda pregunta.
¿Niño o niña?
Cada una tomó el suyo.
Por unos segundos, nadie pensó en velas.
Nadie pensó en bolsas.
Y definitivamente nadie pensó en las tres casitas que seguían sobre la bofetera.
Abrieron los cupcakes.
Niña.
Otra explosión de alegría.
Polleth esperaba una bebé.
Y durante algunos minutos todo lo demás desapareció.
Laura celebraba seis años de Ossa.
Polleth celebraba una nueva vida.
Y todas celebraban con ellas.
Fue una de esas coincidencias bonitas que después hacen que una fecha se quede guardada de una manera distinta en la memoria.
Años después, cualquiera habría podido recordar la emoción.
Lo difícil habría sido reconstruir los detalles.
Quién estaba junto a la bofetera durante la revelación.
Quién salió de la sala.
Quién regresó.
Qué bolsa pertenecía a quién.
Cuál estaba vacía.
Cuál ya tenía regalos.
Quién movió una caja para sentarse.
Quién fue al baño.
Quién entró a la cocina.
Quién tomó una fotografía.
Porque mientras todas miraban los cupcakes, la sala estaba llena de bolsas y cajas.
Y nadie vigilaba las casitas.
No había ninguna razón para hacerlo.
Todavía. La tarde siguió.
Algunas invitadas comenzaron a marcharse.
Cada una tomó sus cosas.
Su cartera.
Su bolsa de regalo.
Alguna caja.
Se despidieron.
Abrazaron a Laura.
Y salieron por la puerta.
Una tras otra.
Paula se fue aproximadamente a las 7:20.
La actividad debía terminar alrededor de las siete y media, pero algunas conversaciones no entienden de horarios.
Doña Rocío se quedó.
Juanita y Eyleen también, incluso se fueron juntas.
Mariam y Reyner. Hablaron con Laura durante un buen rato.
De esas conversaciones que empiezan con una cosa, saltan a otra y hacen perder la noción del tiempo.
Finalmente ellos también comenzaron a despedirse.
Y cuando los últimos invitados se habían marchado, todavía hubo una visita más.
Sofía Lazo, pasó a felicitar a Laura.
Fue una visita corta, de esas que en aquel momento no parecían necesarias de recordar con precisión.
Sofía conocía Ossa desde sus inicios y había acompañado a Laura durante años. Conversaron unos minutos sobre la celebración, sobre todo lo que estaba preparando para Navidad y sobre su nueva casa.
Después Sofía se fue.
Laura nunca podría asegurar si Sofía miró hacia la bofetera.
Tampoco recordaba haberlo hecho ella.
Y ese detalle sería importante después.
Porque la última vez que Laura podía asegurar que había visto las tres casitas juntas seguía estando en algún momento de la tarde del sábado.
No al final de la noche.
Y, finalmente, la casa quedó en silencio.
El aniversario había terminado.
Laura estaba cansada.
Feliz.
Y todavía emocionada por la noticia de Polleth y su bebé.
Recogió algunas cosas.
Movió otras.
Miró la sala sin realmente observarla.
No contó las casitas.
No tenía por qué hacerlo.
Las había visto durante la celebración.
Todos las habían visto.
O, al menos, eso recordaría cuatro días después.
Y ahí estaba el problema.
Laura podía asegurar que había visto las tres casitas juntas el sábado por la tarde.
Podía recordar la pequeña.
La mediana.
La grande.
Pero no podía asegurar a qué hora exacta había sido la última vez.
Ni quién estaba a su lado.
Ni qué ocurrió inmediatamente después.
Aquella tarde había estado presente en su propia casa durante horas.
Pero estar presente no significaba haberlo visto todo.
Días después, cuando Sherlock Holmes comenzó a reconstruir el aniversario, escribió en su cuaderno:
SÁBADO 4 DE JULIO — ANIVERSARIO.
Debajo trazó una línea.
Señora Madrigal.
Laura levantó la mirada.
¿Sí?
Usted insiste en decirme que vio las casitas por última vez el sábado.
Porque las vi.
No lo dudo.
Holmes levantó la mirada del cuaderno.
Lo que me interesa es otra cosa.
¿Qué?
¿Quién fue la última persona que puede demostrar que las vio?
Laura guardó silencio.
Holmes volvió al cuaderno.
Porque entre recordar algo y poder demostrarlo existe una diferencia considerable.
Laura pensó en el aniversario.
En las fotografías.
En los cupcakes.
En Polleth vestida de blanco.
En Eyleen defendiendo entre risas que ella no estaba embarazada.
En Doña Elizabeth admirando las casitas.
En las rifas.
En las bolsas de regalo.
En todas aquellas personas entrando y saliendo de la sala.
Y por primera vez comprendió algo que no le gustó.
Había estado presente toda la tarde.
Pero eso no significaba que hubiera visto todo.
Holmes cerró el cuaderno.
Necesito las fotografías del aniversario.
¿Todas?
Especialmente las que usted considere inútiles.
Laura lo miró extrañada.
¿Por qué?
Holmes se puso de pie.
Porque las personas fotografían aquello que quieren recordar.
Hizo una pausa.
Y con frecuencia dejan en el fondo aquello que después necesitamos saber.
Laura permaneció unos segundos en silencio.
Había algo ligeramente extraño en escuchar a Sherlock Holmes llamarla señora Madrigal. No porque le molestara, sino porque hacía que aquella conversación pareciera todavía más improbable.
Y puede decirme Laura. Me gusta más.
Holmes inclinó ligeramente la cabeza.
Laura, entonces.
Fue un intercambio pequeño.
Para Sherlock, probablemente solo un dato más.
Para Laura, que había admirado durante tanto tiempo la extraordinaria manera en que aquel hombre observaba el mundo, fue el instante en que dejó de sentirse como alguien que le había pedido ayuda desde Costa Rica.
Ahora estaba allí.
Frente a ella.
Y estaba investigando sus casitas.
Holmes volvió a abrir el cuaderno.
Las fotografías, Laura.
Ella sonrió.
Ya voy.
PISTA PARA LA LECTORA
En algún momento de aquella tarde, las tres casitas estaban sobre la bofetera.
La pregunta no es todavía quién se las llevó.
La primera pregunta es mucho más sencilla:
¿Cuál es la última evidencia de que las tres seguían allí?
AHORA TE TOCA INVESTIGAR
¿Qué detalle de este capítulo te pareció sospechoso?
Déjame tu teoría en los comentarios. Puede que hayas visto una pista que a alguien más se le escapó.
Y recuerda: al final de esta historia tendremos 3 ganadoras, que recibirán premios muy especiales de Ossa y de nuestras marcas amigas.
Así que lee con atención, guarda tus pistas y no descartes ningún detalle.
Sherlock ya empezó a hacerse preguntas. ¿Y tú?
Gracias por visitarme. Un abrazo enorme,
Laura
2 comentarios
Se podría decir que Sofía fue la última persona aparte de Laura en ver las casitas. La pregunta sería si Laura las vio también en el mismo momento que Sofía las vio. Entre tanta emoción y buenas noticias en el aniversario de Ossa puede que Laura no recuerde lo que nos estamos preguntando: dónde están las 3 casitas?
Creo que la pista más importante de este capítulo está justamente en la pregunta de Holmes: no debemos preguntarnos todavía quién se llevó las casitas, sino cuál es la última evidencia de que las tres seguían juntas. 👀 Las fotografías me parecen fundamentales, sobre todo porque Holmes pide incluso las que Laura considera inútiles. Y me llamó muchísimo la atención que durante la revelación del embarazo todos estaban distraídos, mientras había bolsas, cajas y personas entrando y saliendo. Siento que la última foto en la que aparezcan las tres casitas puede cambiar por completo la investigación. 🔎🎄