
María Laura regresó con una cajita entre las manos.
Sherlock Holmes retiró la hoja en la que había escrito los nombres de quienes habían pasado por la casa. Esperó a que ella levantara la tapa.
Dentro había una cadena dorada y un corazón mediano.
Laura lo reconoció antes de que María Laura terminara de sacarlo.
Ese collar es de Paula Chacón Joyería, de mi amiga Laura.
Holmes alzó la mirada.
¿Lo sabe o se lo recuerda?
Laura sostuvo su mirada.
Lo sé.
Era amiga de Laura y una admiradora casi incorregible de las joyas que creaba para Paula Chacón Joyería. Conocía sus piezas lo bastante bien para detenerse frente a una vitrina y reconocer su trabajo antes de leer el nombre de la marca.
Tomó el collar con cuidado.
Se lo he visto puesto.
María Laura pareció aliviada.
Yo pensé que era tuyo, Omi. Tienes joyas de ella.
Sí. Por eso lo guardaste en mi caja.
Sherlock extendió la mano y Laura le entregó la cadena. Él no examinó el corazón de inmediato.
María Laura, ¿cuándo lo encontró?
El domingo.
¿Por la mañana?
Ella negó.
Ya estaba oscuro.
Laura levantó la cabeza.
¿El domingo por la noche?
Sí. Todavía había cosas de la fiesta en la sala. Lo vi en el suelo y pensé que se te había caído mientras recogías.
Holmes miró la columna del domingo, casi vacía hasta ese momento.
Muéstreme dónde.
María Laura fue hasta la bofetera y señaló un punto junto a uno de sus costados. No fingió recordar centímetros que no podía recordar: el collar estaba en el suelo, cerca de aquel mueble. Lo había recogido, lo había guardado y no había vuelto a pensar en él.
Laura seguía mirando el corazón.
No recordaba haber visto a Laura en la celebración del sábado.
Entonces recordó por qué.
Ella no vino al aniversario dijo.
Alex la miró.
¿Estás segura?
Sí. El sábado no pudo venir.
Sherlock dejó el collar sobre la mesa.
Eso sitúa a su amiga fuera de la fiesta. ¿Cuándo la vio después?
Laura tardó unos segundos en responder. Recordó la lluvia del domingo, las horas recogiendo y el cansancio que llega cuando una celebración termina y la casa vuelve a quedarse en silencio.
Después apareció una imagen distinta.
La puerta abierta. Una voz conocida. Una conversación tan breve que había quedado enterrada bajo todo lo demás. Vino el domingo en la noche, dijo.
Alex frunció el ceño.
Ahora que lo dices.
Laura miró a Sherlock. Pasó a felicitarme por los seis años de Ossa. No se pudo quedar. Hablamos apenas unos minutos.
Holmes tomó el lápiz, pero no escribió todavía.
¿Dónde hablaron?
Laura señaló la entrada.
En la puerta.
¿Pasó a la sala?
Creo que no.
Sherlock esperó.
Laura cerró los ojos y trató de reconstruir la visita sin adelantar lo que deseaba encontrar. Recordaba la cara de su amiga, la alegría de verla aunque fuera por un momento y el gesto de despedirse. Recordaba que la casa aún tenía rastros del aniversario.
No recordaba haber caminado con ella hasta la bofetera.
No puedo asegurarlo, dijo.
Holmes escribió:
DOMINGO POR LA NOCHE, LAURA, VISITA BREVE.
Debajo añadió:
LUGAR EXACTO: POR CONFIRMAR.
Ella puede decirnos dónde estuvo dijo Laura, tomando su teléfono.
Puede decirnos qué recuerda corrigió Sherlock. Escuchémosla antes de contarle dónde apareció el collar.
Laura buscó el contacto de su amiga. Puso la llamada en altavoz.
Laura Chacón respondió casi enseguida.
¡Lau! ¿Cómo estás?
Estoy con Sherlock Holmes.
Al otro lado hubo una pausa.
Eso requiere una explicación bastante larga.
Te prometo que sí, dijo Laura. Primero necesitamos preguntarte algo del domingo pasado. Cuando viniste a la casa, ¿hasta dónde entraste?
Una segunda pausa, esta vez más breve.
Hasta la puerta, creo. Iba de salida y solo pasé a darte un abrazo. ¿Por qué?
Sherlock se acercó al teléfono.
¿Recuerda haber caminado hasta la sala, señora Chacón?
No. Entré apenas un momento, pero no recuerdo haber ido hasta la sala. ¿Vio tres velas con forma de casita sobre un mueble?
No me fijé. Lau me había hablado de ellas, pero ese día no fui a verlas.
Laura sintió una decepción pequeña y familiar. Otra persona que había estado en la casa sin poder decir si las casitas seguían allí.
¿Perdiste algo esa noche? preguntó.
Mi collar.
Sherlock y Alex se miraron.
¿Cuándo notó que faltaba? preguntó Holmes.
Al llegar a mi casa. Revisé el carro. Pensé en escribirle a Lau, pero ya era tarde y después se me pasó. Es el del corazón.
María Laura lo encontró dijo Laura. Lo tenemos aquí.
Su amiga dejó escapar un suspiro de alivio.
¡Con razón no aparecía! Gracias a María Laura.
Quedaron en devolvérselo. Antes de despedirse, Sherlock le hizo una última pregunta.
Cuando llegó a la casa, ¿llevaba el collar puesto?
Sí. Recuerdo haberlo tocado mientras esperaba que Lau abriera. Se me engancha a veces con el cabello.
Holmes miró la cadena sobre la mesa.
Gracias. Es suficiente por ahora.
Laura se despidió prometiendo pasar otro día, con más tiempo y, preferiblemente, cuando Sherlock Holmes ya hubiera encontrado las casitas.
La llamada terminó.
Laura miró el collar.
Ya tenemos dueña. Ya sabemos por qué vino.
Y hemos recuperado una visita que no figuraba en la primera lista dijo Holmes.
Escribió el nombre de Laura en la columna del domingo. Por primera vez, ese día dejó de parecer una página vacía.
Alex volvió a mirar el punto donde María Laura había encontrado la joya.
Pero Laura dice que se quedó junto a la puerta.
Dice que eso recuerda, respondió Sherlock.
Y el collar apareció aquí, dijo Laura, junto a la bofetera.
Había varios pasos entre ambos lugares.
Holmes levantó la cadena a la altura de la luz. Examinó el cierre. Después miró el recorrido desde la entrada hasta el mueble, sin tocar nada más.
¿Cree que ella sí entró y no lo recuerda? preguntó Alex.
Es posible.
¿O que yo recogí el collar sin darme cuenta y lo dejé caer aquí? dijo Laura.
También.
María Laura miró a los tres.
Yo solo sé dónde lo encontré.
Y eso es lo que necesitaba que nos dijera respondió Holmes.
Devolvió el collar a la cajita.
Laura esperaba que, una vez identificada su dueña, el objeto dejara de ser misterioso. Pero el corazón de Laura Chacón había hecho algo más interesante: había traído de vuelta una persona que ella había omitido por completo al contar los días posteriores al aniversario.
Sherlock contempló la sala desde la puerta. Luego caminó hasta la bofetera siguiendo el trayecto más directo.
Ayer dijo, la pregunta era quién había entrado a esta casa.
Se detuvo junto al lugar donde María Laura había encontrado el collar.
Hoy tenemos que hacer otra.
¿Cuál? preguntó Laura.
Qué ocurrió entre la puerta y este mueble.
Laura abrió la boca para responder, pero no encontró un recuerdo. Tenía la voz de su amiga. El abrazo. La despedida. Tenía un collar encontrado horas después en un lugar que ninguna de las dos recordaba haber visitado juntas.
Sherlock volvió a la hoja y rodeó el nombre de Laura.
No porque creyera que se había llevado las casitas.
Sino porque era la primera persona de aquellos cuatro días a la que Laura había olvidado mencionar por completo.
PISTA PARA LA LECTORA
El collar pertenece a Laura, quien hizo una visita breve el domingo por la noche. María Laura lo encontró después, cerca de la bofetera.
Laura no recuerda haber ido hasta el mueble ni haber visto las casitas. Su collar permite recuperar una visita olvidada, pero todavía no demuestra que las casitas estuvieran allí el domingo.
AHORA TE TOCA INVESTIGAR
¿Cómo pudo llegar el collar desde la entrada hasta el lugar donde María Laura lo encontró? Y si Laura olvidó una visita tan reciente, qué otro detalle podría faltar en la reconstrucción?
Te leo en los comentarios.
Gracias por visitarme. Un abrazo enorme,
Laura
5 comentarios
Mmm esa memoria de Lau no es tan buena como ella creía. Y es posible que Laura Chacón no llegara hasta la bufeteta y que el collar desplazada hacia dentro de la casa por una patada o incluso la puerta.
Para mi el collar solo demuestra la visita de Paula.
¿Cómo apareció junto a la boletera? Es la pregunta a resolver.
Podría ser que cuando el collar cayó al suelo, Laura lo pateara hacia dentro de la casa sin percatarse.
La explicación más probable es que Laura Chacón sí entró unos pasos más de lo que recuerda. Al llegar, llevaba el collar puesto, y como ella misma dijo que se le enganchaba con el cabello, pudo soltarse o romperse el cierre mientras caminaba o se despedía. El collar habría caído cerca de la bofetera sin que ninguna de las dos lo notara.
Otra posibilidad es que Laura lo haya tocado o acomodado al saludar a Laura, y posteriormente, al moverse por la entrada o girar para despedirse, la cadena se desprendiera y quedara en el suelo. Después, alguien pudo haberlo desplazado accidentalmente al recoger o mover cosas de la fiesta.
La pista más interesante, sin embargo, es esta: si Laura olvidó que había avanzado desde la puerta hasta la bofetera, quizá también olvidó otro pequeño movimiento o acción realizada durante esa visita.
Es muy extraño: si Laura amiga solo estuvo en la puerta y ahí en teoría tuvo que haber caído el collar, no hay forma de que María Laura lo encontrara cerca de la bofetera; tuvo que ser que Laura, dueña de las casitas, inconscientemente lo llevara hasta ahí, se le cayó y no se dio cuenta. Sigue estando todo muy confuso, o será que Laura amiga no recuerda bien entre tanto corre-corre.
Este capítulo me dejó con una pregunta incluso antes de pensar en quién pudo llevarse las casitas. El collar confirma que Laura Chacón estuvo en la casa el domingo, pero también demuestra algo importante: la memoria de Laura sobre esos días tiene huecos.
Lo más extraño para mí es que Laura recuerda haberse quedado en la puerta, pero su collar apareció cerca de la bofetera. Eso no demuestra que ella haya llegado hasta allí, pero sí demuestra que algo ocurrió entre la puerta y ese mueble que todavía no podemos reconstruir.
Y me pregunto si el collar realmente es una pista sobre una persona o si es una pista sobre el recorrido de los objetos. Porque ya tenemos la pañoleta, el botón, la factura y ahora el collar, y en todos los casos parece muy fácil relacionar el objeto con alguien, pero no sabemos quién lo puso allí ni cuándo.
Y hay algo que todavía me inquieta más: seguimos sin tener una prueba de que las casitas estuvieran allí el domingo por la noche. 🔎🎄