Hay algo del otoño que siempre me ha parecido profundamente humano, incluso viviendo en Costa Rica, donde los árboles no cambian de color para avisarnos que llegó una nueva estación. El otoño me gusta por lo que representa: la naturaleza deja ir. Los árboles no se aferran a cada hoja preguntándose qué pasará después. Hay un momento en que simplemente la sueltan.
Y últimamente he pensado mucho en eso.
En todas las cosas que nosotros también cargamos durante demasiado tiempo: un miedo, una preocupación, una etapa que ya terminó, una versión de nosotros mismos que alguna vez necesitamos, pero que quizá ya cumplió su propósito.
Dejar ir no siempre significa que algo estuvo mal. A veces significa simplemente que ya terminó su temporada.
Quizás por eso me gustan tanto los aromas cálidos que asociamos con el otoño. Nuestra nueva vela Ossa mezcla naranja, vainilla, canela, clavo y nuez, y cuando la huelo pienso en una casa acogedora, en algo horneándose, en una bebida caliente, en bajar un poquito el ritmo. Es curioso cómo un aroma puede construir una atmósfera sin mover un solo mueble.
La naranja aporta esa sensación cítrica, fresca y luminosa. La vainilla envuelve la mezcla con su dulzura familiar. La canela y el clavo le dan ese carácter especiado que inmediatamente asociamos con momentos cálidos y celebraciones, mientras la nuez aporta una nota más tostada y reconfortante. Juntos crean uno de esos aromas que hacen que quieras quedarte un ratito más en casa.
Pero para mí esta vela significa algo más.
Mientras la enciendo, puedo hacer algo tan sencillo como preguntarme: ¿qué puedo dejar ir hoy?
No tiene que ser algo enorme.
Tal vez puedo dejar ir la necesidad de tener todo resuelto. El miedo a que algo no salga como espero. Una conversación que sigo repitiendo mentalmente. La ansiedad por lo que todavía no sucede. La comparación. La culpa por descansar. Incluso una expectativa que ya pesa más de lo que ilusiona.
Y aquí quiero decir algo importante: una vela no elimina el miedo ni cura la ansiedad. Pero un pequeño ritual sí puede convertirse en una señal para detenernos unos minutos, respirar y volver nuestra atención al presente.
Yo lo haría así.
Enciendo mi vela. Me siento cerca de ella. Inhalo lentamente y pienso: recibo este momento tal como es. Exhalo y pienso: suelto lo que hoy no necesito cargar.
Otra vez.
Inhalo.
Exhalo.
No para obligarme a estar bien. No para negar lo que siento. Simplemente para darme unos minutos antes de seguir.
Creo que hemos convertido los “nuevos comienzos” en acontecimientos enormes. Año nuevo. Un cumpleaños. Una mudanza. Un trabajo diferente. Y quizá no funcionan así.
Quizá comenzamos de nuevo muchas veces en una misma vida.
A veces un nuevo comienzo ocurre un martes cualquiera cuando decidimos reaccionar diferente. Cuando ponemos un límite. Cuando dejamos de perseguir algo. Cuando descansamos sin sentir culpa. Cuando aceptamos que cambiamos de opinión. Cuando finalmente soltamos aquello que llevábamos meses intentando sostener.
Por eso me gusta pensar en esta vela aromática de naranja, vainilla, canela, clavo y nuez como una pequeña celebración de esos momentos.
No necesitamos tener otoño afuera para crear nuestra propia temporada adentro.
Podemos preparar café, buscar un libro, encender una vela, poner música, escribir unas líneas o simplemente sentarnos cinco minutos sin hacer nada.
Eso también puede ser un ritual de autocuidado.
Y quizá mientras el aroma empieza a recorrer la casa podamos recordar algo que la naturaleza parece saber mucho mejor que nosotros:
Dejar ir no siempre significa perder.
A veces deja espacio.
Espacio para descansar.
Para cambiar.
Para recibir.
Para volver a intentar.
Para descubrir quién somos ahora.
Hay hojas que alguna vez fueron necesarias y que un día simplemente toca soltar.
Yo también estoy aprendiendo a hacerlo.
Y quizás esa sea una de las cosas más bonitas de estar vivos: siempre podemos abrir espacio para una temporada nueva.
Inhalo lo que hoy quiero recibir.
Exhalo lo que ya puedo dejar ir.
Y comienzo otra vez. 🍂
Gracias por visitarme,
Un abrazo enorme,
Laura