En 1665, un científico holandés llamado Christiaan Huygens descubrió algo que, aún hoy, me sigue volando la cabeza.
Tenía varios relojes de péndulo colgados en la misma pared.
Cada uno marcaba su propio ritmo, a su manera, con su tiempo interno.
Pero pasó algo raro.
Muy raro.
Después de un tiempo, todos los relojes empezaron a moverse igual. Sin que nadie los tocara. Sin ajustes. Sin magia aparente.
Solo por la vibración que se transmitía a través de la pared.
Los relojes se “escuchaban” entre sí.
Hasta encontrar un punto común. Un mismo pulso.
En física, a eso se le llama acoplamiento oscilatorio.
Pero a mí me gusta llamarlo comunidad.
Porque las personas funcionamos exactamente igual.
Y esto es lo que me pasa cada vez que doy clases de pintura y velas.
Cuando nos reunimos con Juanita, Carolina, Amanda, doña Rocío, Jei, Poli, Johanna, doña Nenita, Katherine, Jennifer, Vale, Mariam, Karen, Yanela, Karol, Gaby, Diana... algo empieza a suceder que no se puede forzar ni planear.
Cada una llega con su historia. Con su ritmo. Con su momento vital.
Con sus dudas, sus silencios, sus ganas de crear (o de volver a creer).
Al inicio, todo es individual.
Pero poco a poco algo se sincroniza.
Las manos se relajan.
Las conversaciones se suavizan.
Las ideas fluyen.
Las risas aparecen.
El miedo baja el volumen.
Y sin darnos cuenta, entramos en el mismo pulso.
No porque seamos iguales, sino porque estamos juntas.
Ahí es cuando lo entiendo todo.
La creatividad no está hecha para vivirse sola.
No es una lucha individual. Es un eco.
Por eso, cuando estamos solas, muchas veces todo cuesta más.
No porque nos falte disciplina, talento o constancia.
Sino porque la inspiración necesita resonancia.
Necesita una pared común. Un espacio compartido.
Una vibración que rebote y vuelva.
Eso es lo que hacemos cuando creamos juntas.
Eso es lo que pasa en cada taller.
Y también es, en el fondo, lo que hacemos quienes comunicamos, enseñamos y acompañamos procesos creativos: poner en movimiento algo pequeño que termina sincronizando a otras personas.
A veces creemos que estamos solas en nuestro proceso. Pero no lo estamos.
Nuestro movimiento aunque no lo veamos también inspira a alguien que está mirando desde otra pared.
Muchas gracias por visitarme,
Un abrazo, enorme, Laura