Cerramos un ciclo con muchas enseñanzas

Cerramos un ciclo con muchas enseñanzas

Ayer fue el cierre de 12 semanas donde acompañé a un grupo de estudiantes en un proceso de creatividad, contenido, estrategia y marca personal.

Pero honestamente, siento que ellos me enseñaron mucho más de lo que yo pude enseñarles.

Durante estas semanas hablamos de atención, emociones, ego, enfoque, visión y creatividad. Hablamos de cómo construir una marca personal sin perdernos a nosotros mismos en el proceso. Y aunque muchas veces yo estaba al frente de la clase, hubo momentos donde sentí que todos estábamos aprendiendo al mismo tiempo.

Me enseñaron sobre valentía.

Porque hay algo profundamente valiente en empezar de cero. En exponerse. En crear cuando todavía existe miedo. En levantar la mano aun con inseguridad. En mostrarse cuando la mente todavía susurra, tal vez no soy suficiente.

Una alumna lloró en una de mis clases porque sintió claridad y dirección. Y ese momento se quedó conmigo.

No porque crea que una clase cambia una vida de inmediato, sino porque me recordó algo muy importante:

A veces las personas no necesitan más información.
Buscan tener más dirección, conectar con su ser y recordar quién es debajo del ruido, las expectativas y el miedo.

En Japón existe un concepto llamado omiyage: un regalo que alguien trae de vuelta después de un viaje. No es solo un objeto, es una forma de decir: “pensé en ti mientras estaba lejos.”

Y hoy siento que mi omiyage de esta experiencia fueron ellos.

Sus preguntas.
Su sensibilidad.
Sus historias.
La honestidad de quienes admitieron sentirse perdidos.
La emoción de quienes comenzaron a verse distinto después de una clase.

Ellos me recordaron algo que también estoy escribiendo en mi libro:

“Tu marca personal no crece solo por lo que haces. Crece según el nivel de consciencia desde donde eliges construirla.”

Porque al final no solo hablamos de contenido.

Hablamos de identidad.
De miedo.
De atención.
De aprender a construir sin destruirnos emocionalmente en el proceso.

Y quizás eso fue lo más bonito de todo: entender que enseñar no es demostrar cuánto sabes.

Es crear un espacio donde las personas puedan verse a sí mismas con más claridad.

Y honestamente eso también me cambió a mí.

Mi ritual de cierre es muy sencillo.

Enciendo mi ossa wax Notas de hogar, tengo una taza de té caliente en mis manos, respiro profundo y repito:

Inhalo: agradecimiento por las experiencias vividas, por los abrazos semanales, por las sonrisas de mis alumnos.

Exhalo: los deseos de abrir un segundo nivel ya, para verlos de nuevo.

Gracias por visitarme,

Un abrazo enorme,

Laura

Regresar al blog

Deja un comentario

Ten en cuenta que los comentarios deben aprobarse antes de que se publiquen.